"El día D", de Antony Beevor

Los favoritos de la Redacción<br /> La batalla de Normandía

13-nov-2009 Miguel Ángel Jiménez Guerra

Beevor ha conseguido escribir el que puede ser el libro definitivo acerca de la batalla más conocida de la Segunda Guerra Mundial. Y lo hace humanizando el conflicto.

Desde hace unos pocos años, los aficionados a la Segunda Guerra Mundial en España están disfrutando de una edad dorada en cuanto a traducciones de ensayos rigurosos dedicados al estudio del conflicto. De entre todos los especialistas, Antony Beevor se ha erigido por derecho propio en el más popular. Sus libros son las más vendidos y comentados. Tras títulos como "La batalla de Creta", "Stalingrado" o "Berlín, 1945", su último reto ha sido ofrecer una nueva visión de la batalla de Normandía, de la que ya existían muy buenos estudios, como el clásico "El día más largo", de Cornelius Ryan o el magnífico "El día D" de Stephen Ambrose.

La receta de Beevor para mantener el interés del lector es muy sencilla: combina el rigor en la descripción de las operaciones militares con una escritura de gran calidad literaria, y, sobre todo, desciende hasta los sentimientos del soldado de a pie, el que verdaderamente padece la batalla, logrando transmitir sus terribles sufrimientos cotidianos.

Los precedentes

Como sabe cualquier aficionado a la historia, los tres primeros años de la Segunda Guerra Mundial estuvieron marcados por las constantes victorias alemanas: a través de la llamada "guerra relámpago", Hitler conquistó en rápidas operaciones Polonia, Noruega, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Yugoslavia, Grecia y gran parte de la Rusia europea.

Solo Reino Unido resistía a duras penas. Entre finales de 1941 y el año 1942 se sucedieron una serie de acontecimientos que fueron cambiando poco a poco las tornas de la guerra: la entrada de Estados Unidos en el conflicto, la batalla de Stalingrado y los desembarcos aliados en el Norte de África. En el año 1943 continuó esa tendencia y la iniciativa siguió en manos de los Aliados, que pusieron pie en Italia, mientras la Unión Soviética seguía avanzando en la reconquista de su propio territorio.

Aunque Alemania estaba perdiendo la guerra, a principios de 1944 todavía no estaba del todo derrotada. En la Unión Soviética, aunque en retroceso, mantenía un frente bastante firme contra los rusos. En Italia consiguió atascar el avance Aliado en Montecassino. Y mientras tanto, esperaba sólidamente fortificada detrás de la llamada "muralla del Atlántico", los previsibles desembarcos de británicos y estadounidenses en el norte de Francia.

El problema del desembarco

Ya desde 1942, los generales estadounidenses pretendieron desembarcar en el norte de Francia, pero los británicos le convencieron, con buen criterio, de que una operación de tal envergadura necesitaba de una preparación mucho más sólida. A cambio, desembarcaron en el norte de África, tomando entre dos fuegos a las tropas de Rommel, que huía del VIII Ejército deMontgomery a través de Libia. Aunque la posterior operación anfibia en Sicilia fue exitosa, los americanos tuvieron que aprender lecciones de los desastrosos desembarcos en Salerno y Anzio, para no repetir errores en la decisiva operación de Normandía.

Realmente, el éxito o fracaso de la invasión de Francia iba a resultar decisivo para el curso de la guerra. Un fracaso hubiera permitido a Hitler trasladar un gran número de divisiones al frente del Este y plantar cara al Ejército Rojo de manera mucho más contundente. La principal decisión a la que se enfrentaban los generales aliados era la elección de la zona de desembarco.

Básicamente tenían dos opciones: la zona de Calais, que presentaba la ventaja de su cercanía a las costas de Inglaterra y a la frontera alemana, aunque se encontraba sólidamente fortificada o la zona de Normandía que, a pesar de encontrarse a muchos más kilómetros de los puertos ingleses, no se encontraba tan bien defendida como Calais.

La elección de Eisenhower recayó en Normandía, pero, astutamente, se decidió mantener un ejército fantasma, comandado por el general Patton (operación Fortitude), como permanente amenaza a las costas de Calais, con el fín de que los alemanes no retirasen los ejércitos de la zona y los trasladasen a Normandía una vez comenzado el desembarco.

6 de junio de 1944

Los planes aliados contemplaban que el día D se hubiera producido un día antes, el 5 de junio, pero un repentino empeoramiento de las condiciones meteorológicas obligó a retrasarlo. Beevor describe perfectamente la tensión reinante en el cuartel general de Eisenhower en aquellas horas decisivas, en la que todo dependía de los informes meteorológicos. Afortunadamente, el tiempo mejoró para el día 6 y los barcos pudieron partir. Un aplazamiento más largo, hubiera sido desastroso para la moral.

A la invasión de las playas le precedió una operación paracaidista, cuyos resultados fueron irregulares ya que, sí bien logró desconcertar a los alemanes, no consiguió del todo sus objetivos al caer los soldados muy dispersos y sufrir numerosas bajas en escaramuzas que a veces superaban en brutalidad a la guerra en el frente del Este:

"Entre los supervivientes se contarían muchas historias acerca de las atrocidades cometidas, historias sobre soldados alemanes que habían acabado con la vida de sus compañeros colgados a golpe de bayoneta o incluso dirigiendo contra ellos sus lanzallamas. Otras hablaban de cuerpos obscenamente mutilados". (pag. 81).

La invasión de las playas en la zona británica resultó bastante exitosa, si bien no consiguieron conquistar Caen, hecho que lamentarían durante las semanas siguientes. En la zona estadounidense, si bien las cosas fueron bastante bien en la playa Utah, no sucedió lo mismo en Omaha, donde los bombardeos preparatorios de la aviación y de la marina cayeron muy tierra adentro y dejaron prácticamente intactas las formidables defensas alemanas.

Los hombres llegaron a las playas mareados y vomitando y las compuertas de muchas lanchas fueron abiertas a muchos metros de la playa, por lo que gran cantidad de ellos murieron ahogados debido al excesivo peso de sus mochilas. En ciertos sectores de Omaha los americanos cayeron como moscas, víctimas del denso fuego de artillería y metralletas y solo iniciativas individuales de algunos soldados lograron que las tropas no fueran devueltas al mar.

El copyright del artículo "El día D", de Antony Beevor, publicado en Historia Siglo XX pertenece a Miguel Ángel Jiménez Guerra. Es necesario el consentimiento expreso de su autor para la publicación o reproducción, parcial o total, a través de medios impresos, online o a través de cualquier otro medio o formato de "El día D", de Antony Beevor.  
Foto de Robert Capa. Omaha Beach, Agencia Magnum Foto de Robert Capa. Omaha Beach
Portada del libro, Editorial Crítica Portada del libro
 
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